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3 preguntas a Cristian Ponce

El director de Historia de lo oculto nos da detalles sobre su ópera prima, que forma parte de la Competencia Argentina.
3 preguntas a Cristian Ponce

La película tiene una ambientación más bien sutil y simple pero está resuelta de forma inteligente mediante, por ejemplo, la emulación de los formatos televisivos de la época. ¿Cómo lo pensaste en este sentido?
Desde el principio sabíamos que iba a ser una película con un presupuesto muy bajo y nos pusimos a pensar maneras de poder hacerla a bajo costo sin que eso resintiera la trama. Decidimos entonces incorporar la idea del programa de televisión en vivo como una manera de mantener un crescendo dramático y narrativo, pero en un ambiente controlado y restringido como lo es un programa de televisión. Pensábamos en los 20 minutos de Las barras bravas, de Enrique Carreras, que transcurren durante un programa de televisión con decorado mínimo, pero también, y especialmente, en Ghostwatch, un telefilm inglés que trasladaba los elementos clásicos del cine de casas embrujadas a un estudio de televisión. En cuanto a los spots publicitarios, los pensamos tanto para cortar la acción de lo que pasaba en el estudio como una manera alternativa de comunicar cierta información sin que la digan los personajes explícitamente.


¿Cómo pensaste las diferentes texturas y formatos de pantalla?
Los cambios de texturas son algo clásico de la televisión, especialmente de la Argentina. El video, como se registraba con cámaras enormes, quedaba limitado a los estudios de televisión, mientras que los exteriores solían ser registrados en fílmico. Esto puede verse tanto en Rolando Rivas, taxista como en El show de Benny Hill: todo lo que pasa bajo techo se ve de una manera, todo lo que pasa afuera se ve de otra. Sentimos que servía también para darle una verosimilitud casi documental a la película; nos guiamos mucho por referentes reales de archivo para lograr las diferentes texturas.


¿Cómo se te ocurrió esa idea de hacer pasar productos culturales de afuera como locales (Todos los hombres del presidente con Marrale y Oscar Martínez, El exorcista con Andrea del Boca, El bebé de Rosita)? Incluso dan ganas de ver imágenes de todo eso.
Eso fue un juego que quisimos hacer: crear una especie de ucronía en la que Argentina sea el centro del mundo (o de un mundo, al menos). Era también una buena oportunidad para hacernos cargo de nuestros referentes, pero a su vez incorporándolos a la trama, haciéndolos parte de la clave.