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3 preguntas a Inés María Barrionuevo y María Gabriela Vidal

La dupla de directoras dio vida a Las motitos, una de las películas que conforman la Competencia Argentina.
3 preguntas a Inés María Barrionuevo y María Gabriela Vidal

¿Cómo surgió la idea de trabajar juntas en la adaptación cinematográfica de Los chicos de las motitos, la novela de Gabriela?
Vidal: Con Inés nos conocimos y nos hicimos amigas. Entonces, cuando escribí la novela, se la di para leer con la intención de saber qué pensaba. Cuando ella me dijo que era “una peli” y que, además, era una “peli bomba”, le dije que la dirigiera. Y ella hizo una propuesta más tentadora: “mejor codirijámosla”. Desde ese momento, el proyecto comenzó a ser una codirección en el sentido más estricto de la palabra: compartíamos lo creativo, y junto con Martín, el productor, empezamos a pensar en cómo íbamos a hacerla. Ahora, después de algunos años, entendemos que ese fue el inicio de una relación creativa que sigue y que disfrutamos, ya que una no va por la vida topándose todo el tiempo con gente a la que puede hablarle de sus inquietudes, de sus obsesiones y sus demonios creativos. Así que tenernos es una dicha. Y, además, somos muy amigas.


¿Cómo lograron esa química que tienen todos los personajes, tanto Juli con Lautaro como ellos con sus familiares y amigos?
Barrionuevo: Con muchísimo trabajo… y un poquito de suerte. La buena estrella fue que Carla e Ignacio (Juli y Lauti en la ficción) llegaron al casting juntos, y todo el trabajo de conocerse e intimar estuvo encaminado desde el inicio. De hecho, costaba separarlos… Y eso fue lo que siguió: armar familias. Una vez que habíamos decidido quién iba a ser la mamá y la hermanita de Juli, las pusimos a convivir en ensayos. Caro, que es la mamá de Juli, es una gran actriz de teatro de Córdoba y nos llegó a través de un casting. Por otro lado, la hermanita de Juli es hija de una prima de Gaby y le había manifestado sus ganas de actuar; le hicimos una prueba y quedó. Lo mismo pasó con la familia de Lauti, que fue la última en conformarse, porque no encontrábamos a su mamá, que tenía la particularidad de estar amantando. El hermano de Lauti es hijo de Gaby, por lo que estuvo desde un principio en nuestras cabezas. No encontrábamos una actriz que estuviera amamantando, entonces alguien nos recomendó a Erika, no como actriz sino como una mamá con gran personalidad. Ella no estaba segura de participar pero, por suerte para todes, finalmente se animó.


¿Cómo fue el proceso de selección de los actores y cómo trabajaron con ellos antes y durante el rodaje?
Trabajamos por dupla de amigos: Lauti con Negro, que apareció en un casting y nos encantó. De hecho, por él cambiamos algunas características de ese personaje. Juli y Eni tenían que tener mucha química para bailar y ensayamos varias veces con distintos tipos de música. Martina, el personaje de Eni (que es sobrina de Gaby), fue una gran aliada al momento de los ensayos. Lo que siguió después fue llegar al barrio, instalarnos, que nos conocieran, sumar a les vecines. La primera señal fue de una gran curiosidad, querían saber cómo era esto de hacer una película, y luego quisieron ser parte. Por ejemplo, dos niñes que estuvieron bien cerquita fueron Leandro (su abuela nos rentó una locación) y Facundo. Leandro hizo algunas cositas frente a cámara y luego se acopló al equipo de vestuario ayudando y tratando de aprender todo; Facu actuó dos veces y cada vez que pudo se acercó al set para observar el monitor. Nos hacía unas observaciones atinadísimas… Cuando se iba era porque tenía que ir a la maestra particular, y nosotras le decíamos: “Pero vos ya sabés muchas cosas, no necesitás maestra particular”. Y se reía con picardía: “Mis seños no piensan lo mismo”.