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3 preguntas a Javier Favot

Dialogamos con el director de Deja que las luces se alejen, una de las películas que integran la Competencia Estados Alterados.
3 preguntas a Javier Favot

El origen de la película es la visita a un amigo en las sierras de Córdoba. Con ese punto de partida, ¿cuánto hay de ficción y cuánto de documental? ¿Se planteó la idea de jugar con esos límites?
Al inicio del rodaje comencé un registro documental del espacio y de la cotidianidad de mi amigo en la montaña. Tuve la posibilidad de pasar varios meses en las sierras de Córdoba y encontrar durante esos días la forma de filmar la película. Durante todo ese tiempo fueron apareciendo situaciones por fuera de la rutina del personaje que cambiaron la dinámica de ese registro, y así la película fue ampliando su horizonte y borrando los límites entre el documental y la ficción. Siempre me interesó esa zona indefinida en el cine; siento que es un terreno donde todo es posible, donde el azar juega un rol protagónico y el lenguaje cinematográfico encuentra una total libertad. En este caso, podría agregar que la ficción nunca está escindida de lo documental, sino que nace de ese registro inicial que se ve transformado por la mirada del personaje y por la puesta en escena.


El sonido ambiente en la película es muy impresionante; por momentos les otorga un componente casi sobrenatural a las imágenes. ¿Cómo lo trabajaron?
El sonido hace un aporte fundamental en el extrañamiento progresivo del espacio. Para mí era muy importante lograr esa transición de lo real a lo imaginario desde el sonido. Nahuel Palenque, que estuvo a cargo del diseño de sonido, trabajó con mucho detalle los ambientes y el fuera de campo sonoro y logró ampliar la propuesta planteada en el montaje. Los objetos tienen una función evocativa muy importante en el relato, y construir desde el sonido las acciones del personaje alrededor de esos objetos y del paisaje me ayudó a potenciar lo emocional y a crear una sensación espectral y de ausencia que buscaba en ciertas escenas. Tomamos este recurso como una guía de trabajo para construir ese pequeño cosmos.


En una primera parte, la película tiene las características de un relato contemplativo, y poco a poco se va complementando con elementos más emocionales, como avanzando hasta encontrar una clara sensibilidad. ¿Cómo trabajaste esa estructura, ese pasaje?
La película yuxtapone dos tiempos; un presente de Rapa, que se muestra con su rutina en la montaña, y un pasado que se evoca a través de la memoria. Mi intención fue presentar la soledad del personaje para luego quebrarla y comenzar lentamente ese viaje al pasado. Hay dos bloques en la película que son muy importantes en este sentido. Dos momentos donde aparece la palabra y ocupa el centro de la escena. El primero en forma de monólogo que da lugar a una desviación donde el relato avanza a la deriva, una digresión que funciona como puente entre esos dos tiempos. Y el segundo en forma de un diálogo entre amigos rememorando un tiempo pasado que nos acerca otro costado del protagonista. Estos dos bloques son fundamentales en la estructura y en la transición de un registro observacional y distante a uno más emocional e introspectivo.