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3 preguntas a Javier Fernández Vázquez

Dialogamos con el director de Anunciaron tormenta, que forma parte de la Competencia Estados Alterados.
3 preguntas a Javier Fernández Vázquez

¿Cómo llegaste al hecho que aborda la película, que muchos desconocen?
En 2010 aproximadamente, como estudiante de Antropología, me empecé a interesar por la historia colonial de España en África. Me parecía inconcebible el desconocimiento casi generalizado sobre Guinea Ecuatorial en la sociedad española. España es un país con enormes problemas para afrontar su memoria histórica –incluso con conflictos ocurridos en su propio territorio–, y el caso de Guinea era y es especialmente sangrante. Profundizado en ese vacío, di apenas con dos investigaciones académicas sobre la muerte de Ësáasi Eweera, acontecimiento que fue clave en el devenir del pueblo bubi, al que no le quedó otra que ceder al hostigamiento y someterse al poder colonial. Consulté el dossier con los documentos originales –cartas e informes– y los transcribí, constatando que se había producido una operación de encubrimiento que, además, sintetizaba de manera muy clara el modus operandi de las autoridades coloniales españolas, un proceder en el que, además de las justificaciones racistas –habituales en el imperialismo de otras potencias europeas–, jugaba un papel fundamental la ideología fundamentalista católica de los misioneros instalados allí.


En el documental utilizás recursos del cine experimental. ¿Por qué tomaste esa decisión estética y narrativa?
Lo que intento siempre es encontrar la forma audiovisual más expresiva y eficaz para lo que quiero contar dentro de sus limitaciones. Hay circunstancias materiales, por supuesto, dado el presupuesto escaso de la película, pero también otras de carácter ético: hubo personas que solo me permitieron grabar su voz y lo respeté. Son testimonios valiosos que me permiten, además, encontrar la clave del tratamiento audiovisual, por el cual las versiones orales bubis –basadas en recuerdos transmitidos de generación en generación– van relacionadas con la imagen actual de los lugares donde sucedieron los hechos. Por su parte, vemos cómo los textos de los funcionarios coloniales son leídos por actores de espaldas, subrayando contradicciones y mentiras, intentando de esta forma poner en entredicho la autoridad de la palabra escrita, que es la que gracias al poder colonial ha perdurado en la historia oficial.


¿Cuál fue el desafío más grande con el que te encontraste durante la investigación que hiciste para la película?
En 2014 hice un primer viaje a Guinea Ecuatorial con este proyecto en mente. La conclusión fue esperanzadora, pero necesitaba recabar más versiones orales y organizar un rodaje en Madrid con la puesta en escena de las voces en off. Para ello necesitaba una financiación que no obtuve hasta 2018, gracias al Ayuntamiento de Madrid. Por otra parte, rodar en Guinea Ecuatorial no es fácil. Los visados son por veinte días y está prohibido grabar en exteriores sin permiso gubernamental. Y obtenerlos es muy complicado. En este sentido, fue crucial la colaboración de Justo Bolekia, el poeta que lee con su hija el poema sobre Ësáasi Eweera, ya que él dio su visto bueno al proyecto y me permitió el contacto previo, desde España, con aquellas personas que se habían convertido en custodios de las versiones orales sobre la muerte de Ësáasi Eweera. Es importante mencionar que en el período 2015-2018 tuve dos hijos. Prioricé entonces la mayor parte de mi tiempo a su crianza y a la ejecución de trabajos de encargo como realizador audiovisual, ralentizando, por lo tanto, los avances en el proyecto.