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3 preguntas a Luis Alejandro Pérez

Dialogamos con el director de Piola, film que integra la Competencia Latinoamericana.
3 preguntas a Luis Alejandro Pérez

El rap es el lenguaje que tienen los personajes para decir lo que piensan y sienten. ¿Cómo fue componer el rap para la película?
Eran canciones que había escrito hace 13, 14 años. Letras que hablaban de injusticias, faltas de oportunidad, poesía. Letras que al día de hoy se mantienen absolutamente vigentes. Luego viene el rap del soundtrack, que era música que me gusta mucho, ya sea por sus ritmos o por sus letras. Cada canción fue puesta ahí con la intención de comunicar sobre el mundo interno de los personajes. En general el rap que se escucha en las películas o en la televisión está puesto ahí porque es una canción que vende, porque es cool, o para dar un estilo urbano. Siempre es algo plástico, falso. Creí necesario que fuera un rap real, honesto. Lejos de todo eso.


¿Por qué elegiste filmar la película en la comuna de Quilicura?
Fue la comuna en que crecí y en la que vivo actualmente. Me parecía muy atractivo el contraste de una ciudad industrial y un espacio donde el hip-hop tiene una fuerza de resistencia, una esperanza para jóvenes destinados a trabajos precarios. Por otro lado, las locaciones me parecían especiales para retratar esa sensación de escape de la juventud, con barrios industriales, descampados, cerros y líneas de tren. Todo eso estaba acá en Quilicura.


Los jóvenes son tan buenos actores que por momentos la película parece un documental. ¿Cómo fue el casting de los chicos de la banda?
En Guadalajara no podían creer que todos fueran actores. Trabajamos mucho para lograr transmitir esa sensación, para que se sintiera real. Y eso lo logramos ensayando mucho, sobre todo para eliminar cualquier cercanía con los discursos. Para mí era importante que se sintiera a los personajes pensando, no repitiendo un texto que el guionista puso ahí. Trabajamos con mucho detalle la intención de cada texto, y los actores y actrices trabajaron muy apegados al guion. En ese sentido no había mucho espacio para la improvisación, pero sí para crear en base a gestos y movimientos. A los actores los encontramos a través de castings que hicimos en la escuela de teatro de la Universidad de Chile, que es donde estudiamos. Era necesario que fueran rostros noveles, gente joven. En el casting les pedí a los actores que improvisaran un rap y muchos lo hicieron increíble, otros no tenían cercanía con el tema. Max Salgado cantó un tema de Kase.O, uno de mis raperos favoritos, y conectamos de inmediato. De las actrices la única que nos pidió improvisar fue Ignacia, y ahí tuvimos una conexión muy fuerte, lo hizo increíble. A René Miranda lo contacté directamente porque vi una película llamada Volantín cortao que me voló la cabeza. Él entró como un personaje secundario y al conocerlo fue evidente que tenía que ser Charly, uno de los protagonistas.