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3 preguntas a Toia Bonino

La directora de La sangre en el ojo nos cuenta detalles sobre la película que forma parte de la Competencia Argentina.
3 preguntas a Toia Bonino

¿Qué te llevó a volver sobre la historia de estos hermanos?
La curiosidad. El día que terminé de grabar a Ana, la mamá de Ale y Leo, preparando la torta de cumpleaños que se ve en Orione, ella me llamó para contarme que a su hijo Leo acababan de darle la libertad condicional. Quise conocer a Leo y escuchar su versión de los hechos que llevaron a la muerte de su hermano menor. La sensación de dolor y enojo que transmitía su voz me hicieron pensar que la historia continuaba. Como si su relato abriera nuevas direcciones en un camino que yo creía ya transitado. Leo salía de la cárcel, luego de catorce años, pero seguía preso de la idea de vengar la muerte de su hermano, matando al cómplice que los traicionó.


¿Cómo surgió la idea de los testimonios grabados por los mismos entrevistados?
Creo que también fue consecuencia de Orione. Luego de una función de la película, me contactó una chica, llamada Gabriela, y me dijo que no había podido ver la película porque vivía en Catamarca, pero que le hubiera gustado hacerlo. Me contó que había sido novia de Ale y que sufrió mucho cuando se enteró de su asesinato. Le mandé la película y le pedí si podía grabar algunos videos con sus recuerdos de aquella relación. El uso del celular y la circunstancia de que Gabriela se grabara a sí misma no fueron, en este caso, una elección estética, sino un recurso que se me impuso porque era el único que tenía a mano. Ella, con un poco de vergüenza, hizo los videos, y resultaron ser un material tan genuino que ya no fue posible pensar en ninguna otra forma de registro para su testimonio. Eso, sumado a mi interés por la idea de componer una suerte de collage a partir de materiales heterogéneos, me dio la pauta de cómo continuar grabando a otros protagonistas.


En Orione tenemos a la madre preparando la torta de cumpleaños de su nieto, mientras que acá están presentes el cumpleaños de Leo y los 15 de su hija. ¿Por qué se te ocurrió abordar estos festejos?
Para ser sincera, me encantan los cotillones, los manteles y los inflables, esa clase de cosas que se encuentran en la intersección entre lo decorativo y lo utilitario. Esos objetos son la contracara de las situaciones dramáticas que se narran en la película. Hablan de vidas marcadas por el dolor pero también por el goce. Al mismo tiempo, la ocasión de la fiesta me permite mostrar al conjunto de personas que rodean la historia de estos hermanos. Una historia que se trama en un equilibrio tenso entre funerales y cumpleaños.