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De Rusia con amor

El crítico y programador ruso Boris Nelepo es el gran responsable de uno de los lujos del Festival: la retrospectiva dedicada al director norteamericano John M. Stahl. En esta entrevista cuenta cómo fue el proceso de selección de estas películas y destaca la importancia de revalorizar el cine del realizador.
De Rusia con amor


Cuando uno ve la obra de John M. Stahl se pregunta por qué no suele ser tan considerado y estudiado como otros directores de su época como Ford o Hawks, por ejemplo. ¿Por qué creés que esto sucede?

Es interesante porque Stahl llegó a ser muy famoso durante los años 20: en esa época era un director grande e importante de cine mudo y, de hecho, a fines de los 20 dejó de dirigir películas por tres años porque estaba produciendo. Cuando llegó el cine sonoro, era uno de los directores mejor pagos de la Universal; era muy famoso ahí. Pero al mismo tiempo era bastante poco apreciado, e incluso detestado, en su época, porque se lo consideraba un director que hacía películas lacrimógenas para mujeres.


Lo que hoy llamamos “chick flics”.

Exactamente. Una especie de director condescendiente que era muy exitoso pero que al fin y al cabo hacía películas para mujeres. Y aquí entramos en un tema interesante para la discusión, porque más adelante, cuando apareció la idea de la mirada masculina y femenina en el cine, Stahl no entraba en ninguna de esas categorías. Otra razón por la cual no es tan famoso tal vez sea el hecho de que murió demasiado temprano. Pero la verdad es que, por ejemplo, alguien como Andrew Sarris habló sobre Stahl con gran admiración y respeto en el capítulo “Expressive Esoterica” de su libro The American Cinema: Directors and Directions 1929-1968. Pero muchos críticos y teóricos no valoraron demasiado su cine; no hay un El cine según Hitchcock sobre John M. Stahl. Uno de los que mejor escribieron sobre la obra de John M. Stahl fue Jacques Lourcelles, quien fue jefe de redacción de la revista de cine Presénce du Cinéma. Cuando Cecilia y yo empezamos a preparar esta retrospectiva, nos dimos cuenta de que los cinéfilos franceses conocen su obra bastante bien. El British Film Institute hizo una retrospectiva de su obra en Londres en los 70, luego hubo un gran bache hasta 1999, cuando en San Sebastián se realizó la primera retrospectiva completa de su obra, curada por Miguel Marías, quien es uno de mis críticos e historiadores de cine favoritos. Ese festival también publicó un libro que, por mucho tiempo, fue el único disponible sobre John M. Stahl.


Lo fascinante del cine de Stahl es cuán moderno es: combina géneros de manera totalmente sofisticada, algo que otros directores de su época no hacían. Pero lo interesante en una obra como Débil es la carne, por ejemplo, es que contiene una crítica de sus personajes dentro de la misma película, algo más propio de ver en un film actual; por ejemplo, en la escena del cortejo entre Rex Harrison y Maureen O’Hara, que se trata de un momento cómico que luego se modifica cuando nos damos cuenta de que el personaje de Harrison es realmente tan posesivo como lo es en esa escena pero de la peor manera posible.

Estoy de acuerdo. Pero debo decir que John M. Stahl se ha convertido realmente en una especie de amigo, porque durante los últimos dos años estuve viendo y reviendo sus películas una cantidad infinita de veces. De hecho, acá no me salteé ninguna proyección. Vi Débil es la carne dos veces. Pero también creo que sería peligroso valorar su obra de forma excesiva y verla desde una perspectiva actual, porque era una época en la que había muchos grandes directores, y prefiero oponerme a la idea de que hay una especie de progreso en el arte que nos hace más desarrollados hoy en día. Lo que me llama la atención en la obra de Stahl es lo inteligente que es y cuán compleja y contradictoria puede ser.


¿Cómo fue el proceso de selección de las películas de la retrospectiva? ¿Qué te hizo elegir estas películas por sobre otras de su filmografía?

Desafortunadamente, solo teníamos ocho espacios disponibles; solo podíamos elegir cuatro películas, pero ese número era suficiente para hacer un retrato de él. Seis no habrían sido suficientes. Como curador y cinéfilo no habría sido interesante tener una retrospectiva de “Lo mejor de John M. Stahl”. Así fue que dejamos afuera algunas de sus obras maestras que suelen proyectarse más, como Parece que fue ayer o Sublime obsesión. Otra decisión fue dejar afuera sus películas mudas, lo cual fue muy doloroso para mí, pero mostrar solo una o dos películas de ese período no habría tenido sentido. La idea era mantener un equilibrio entre la “Esoteria expresiva” a la que Sarris se refería y otras películas que funcionarían como contexto. Tenemos cuatro películas que son muy conocidas y valoradas: Que el cielo la juzgue, Back Street, La imitación de la vida y When Tomorrow Comes. Y las cuatro restantes son las más olvidadas, ignoradas y rara vez proyectadas: Seed (que en realidad es bastante conocida pero tuvo problemas de derechos durante mucho tiempo), Letter of Introduction (mi película favorita de él, y cuya copia en 35mm fue producida especialmente para esta retrospectiva), Our Wife y Débil es la carne.