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Elogio de la electricidad

El músico norteamericano Lee Ranaldo es parte del jurado de la Competencia Internacional, y animó una de las noches del Festival con el espectáculo Contre Jour, que hizo junto con Leah Singer. Aquí cuenta su relación con el cine, desde su lugar de artista y cinéfilo, y cómo se adaptó a las nuevas plataformas.
Elogio de la electricidad


Muchas veces los artistas se dedican a una disciplina de forma exclusiva, y no son frecuentes los casos de interacción entre diferentes formatos. ¿Qué te atrae de la idea de combinar la música con las artes visuales?

Estudié artes visuales y cine en la universidad, toco música desde que tengo memoria, dibujo, escribo. Son intereses que tuve toda mi vida. Disfruto poder escribir sobre las cosas que me conmueven; por ejemplo, escribir sobre una película que me emocionó, o un disco que me resulta bello. Ese texto luego se transforma y puede convertirse en un poema, o la letra de una canción. Entonces un arte despierta al otro. Las artes visuales entran en juego cuando se diseña la tapa de un disco o se piensa en el videoclip que va a acompañar una canción. Sin ir más lejos, el último video que lanzamos –Names of North End Women– es una apropiación del trabajo del director austríaco Peter Tscherkassky y su película experimental Outer Space, que modificamos y editamos especialmente para este proyecto.


Solés mencionar a varios directores americanos independientes o experimentales como autores con los cuales sentís una afinidad particular. ¿De qué manera nace y se desarrolla tu cinefilia antes de llegar a ese cine?

Nace ya en la infancia, principalmente viendo películas en el televisor de mi casa. Pero ir al cine era desde ya el gran evento, no teníamos pantallas en todos lados; era toda una experiencia. En cuanto a la realización, desde que era un estudiante empecé a filmar cosas, sigo subiendo videos a Instagram hoy en día, y tengo una gran relación con los hermanos Josh y Benny Safdie, dos directores independientes que se encuentran cerca del mainstream, a quienes vi realizar sus primeros trabajos en los cuales mi esposa y mis hijos han actuado. Todos estos elementos me fueron nutriendo, y por lo tanto mi cinefilia abarca muchos estratos, desde realizadores experimentales poco conocidos hasta nombres como Spike Lee o Richard Linklater.


En el Festival está programado el documental Sonic Youth – NYC and Beyond. ¿Participaste o estuviste involucrado en el proceso de realización o producción del documental?

Sí, fuimos parte del proceso. Alguien de nuestro equipo estuvo haciendo el montaje del material y trabajamos con el director Aaron Mullan, que ya había trabajado con nosotros en una película que celebraba los treinta años de nuestro disco Daydream Nation. En esta segunda oportunidad, el objetivo fue reunir material de la banda, empezando por 1982 hasta 2010. Reunimos clips con diferentes calidades, diferentes niveles de audio, y así es como se está presentando. Tenemos un archivo de treinta años muy rico, y estamos intentando organizarlo, catalogarlo y compartirlo con los fans que quieren seguir escuchando las cosas que hicimos con Sonic Youth.


¿Cómo vivís tu evolución de cinéfilo a jurado de festivales de cine? ¿Cómo pensás este rol?

Creo que ocupar un rol así es parte de integrar la comunidad cinematográfica. Un artista suele colaborar con muchos otros artistas de otras disciplinas (Sonic Youth trabajó con Olivier Assayas­) y con todos ellos se discute y se intercambian ideas. Lo mismo sucede con Jim Jarmusch, un gran amigo con el cual comparto intereses en cine y música, con quien suelo hablar y debatir sobre diferentes obras. Y también con otros actores, artistas plásticos o directores de teatro. Ser jurado de un festival de cine es una extensión de este tipo de discusiones.


El jueves a la noche presentó junto a Leah Singer el espectáculo Contre Jour. ¿Cambia de alguna forma la manera de encarar la actuación, o la respuesta del público, el hecho de estar presentándose en el contexto de un festival de cine?

Creo que cambian las dos cosas. Cambia la forma en la que toco, porque si estoy en un club de rock el público espera que yo me vuelva loco, o actúe de manera más salvaje, pero al presentarnos en el marco de un festival de cine la actitud es otra. Yo pienso a Contre Jour como cine con una banda sonora interpretada en vivo. Funciona como un cine extendido; a veces mi sombra interviene las imágenes en la pantalla, y eso un poco remite a las proyecciones de los primeros años del período mudo, como una cita. El público de un festival de cine era el contexto ideal para una presentación de este tipo, y el teatro donde tocamos era excelente.


Por último, pensando en los cambios que la cinefilia atravesó en los últimos años, ¿la irrupción de las plataformas digitales cambió de alguna forma tu relación con las películas?

Sí, cambió definitivamente. Antes el cine era la única pantalla que existía, hoy hay pantallas por todos lados. Yo veo películas en un celular, no tengo problema. Sigo prefiriendo las salas de cine, por supuesto, porque esa es la verdadera experiencia, estar en la oscuridad, con muchas otras personas. Pero las formas de consumir cine fueron cambiando. Instagram es un lugar interesante pues limita todo a un minuto, y esa es una duración tolerable para consumir en un celular. Durante el verano alquilamos una casa en la playa, teníamos una laptop pequeña, de apenas 13”, y llevamos muchas películas épicas como Lawrence de Arabia o las superproducciones filmadas con cinemascope, y las mirábamos en esa pantallita. De todos modos, lo sentíamos como un cine.