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En búsqueda de la fragilidad del cine

Nicole Brenez es programadora, crítica de cine e investigadora, entre otras labores. Y es uno de los nombres que engalanan el Jurado de la Competencia Internacional. En esta entrevista nos cuenta sobre su colaboración con Jean-Luc Godard, la responsabilidad que conlleva hacer crítica hoy y la importancia del cine experimental.
En búsqueda de la fragilidad del cine


Trabaja como investigadora, profesora, crítica, programadora, y también colaborando en la realización de algunas películas. ¿Cómo concibe la relación entre todas esas tareas?

Es muy simple: yo me considero una investigadora; una “buscadora”, si se quiere. Mi trabajo como investigadora es para mí fundamental y determina todo lo demás. Y consiste en ayudar a dar a conocer mejor el costado más “minoritario” del cine. ¿Por qué minoritario? Porque son películas desconocidas, que a menudo no pasan por los circuitos más comerciales. Mi trabajo se concentra en ese lado no comercial del cine.


En ese sentido, su trabajo en Le Livre d’image tiene mucho que ver con ese rol de investigadora. ¿Cómo definiría su trabajo en la película?

Es así; de hecho, Jean-Luc Godard me convocó como arqueóloga, así me definió. Y eso fue muy amable de su parte, porque se considera a sí mismo como un arqueólogo. Entonces, mi trabajo consistió en aportar imágenes que él no conocía. Él conoce tantas cosas, pero me había identificado como alguien que, justamente, conocía este costado más experimental del cine. Eso era lo que él necesitaba y lo que yo pude aportarle.


Pensando en esto, Le livre d’image es, por supuesto, una película hecha de otras películas. En un contexto en el que estamos permanentemente rodeados de imágenes, como nunca antes, ¿qué potencial crítico, quizás incluso político, considera que tiene ese trabajo de apropiación de las imágenes?

Sin duda tiene un gran potencial crítico y político. En primer lugar, esta es una práctica constante en el cine de Godard. Aquí toma una forma muy plástica, pero él siempre trabajó con una estética de la cita: rehaciendo escenas, a través de sus diálogos, de sus personajes… Es decir, siempre ha trabajado con una estética “citacional”; excepto que antes lo hacía a través de la puesta en escena, mientras que en Le Livre d’image trabajó directamente con las imágenes. En ambos casos, conlleva un enorme trabajo con las imágenes cinematográficas, pero también con la literatura, con la música, con otros mundos. Entonces, nos da la idea de que el cine es la combinación de todas las artes; él las fusiona y las transforma. Además, diría que las lleva al pueblo. Tiene una frase muy hermosa que siempre menciona: dice que Mozart y Beethoven, cuando componían sus piezas, siempre lo hacían para los príncipes. Pero que el cine, o por lo menos su cine, puede tomar a Mozart y a Beethoven y hacerlos “descender de la montaña” para llegar al pueblo.


Y en este mundo contemporáneo en que el cine, su circulación y su consumo han cambiado tanto y siguen cambiando todo el tiempo, ¿qué rol cree que puede o debe tener la crítica de cine hoy?

Es una muy buena pregunta, porque justamente creo que la crítica de cine tiene una responsabilidad cada vez más grande. Es decir, durante el siglo XX, el trabajo de la crítica de cine consistía en jerarquizar: jerarquizar a los autores. Ahora ya no es eso; es también eso, pero no solamente. También se trata de inscribir cada imagen en un contexto, en un contexto en expansión permanente, y además identificar, dentro del tiempo presente, qué es lo verdaderamente importante. Y muy probablemente gran parte de aquello que es crucial no esté en el circuito comercial; esto quiere decir que hay que buscarlo en otro lado. Y esto, por supuesto, lleva muchísimo tiempo y es muy emocionante. Porque hoy podemos encontrar iniciativas de imágenes que son magistrales en cualquier rincón del mundo, en todos los formatos, en todas las “logísticas”. Por eso, en verdad, es extremadamente importante la crítica hoy. Además, la crítica tiene que poder crear distintos hilos históricos, distintas historizaciones. Nuestro trabajo consiste en legar lo más posible de estas historias del presente a las generaciones que vienen. Porque todo lo que sucede en Internet puede desaparecer de un momento al otro; todo lo digital va a desaparecer, probablemente. Por eso, todo lo que sea importante, por ahora, tenemos que conservarlo en 35 mm, porque es el único soporte un poco más sólido y no tan perenne. Pero, como ese no será el caso de la mayoría de las obras digitales, hay que escribir sobre ellas. Porque lo que se escribe dura mucho más tiempo que las imágenes digitales. Y es interesante porque es un poco como pasaba en los años 10 o 20, donde a veces de las películas solo quedaban los títulos y las descripciones de las revistas de cine de la época. Por eso, es una responsabilidad muy grande para nosotros a nivel histórico.


En sus escritos, y también en su trabajo como programadora, el cine experimental y de vanguardia es central. ¿Qué importancia considera que tiene hoy, en este contexto del que hablábamos, el cine experimental?

Ese cine es fundamental, absolutamente esencial, porque es este tipo de cine el que crea modelos de libertad práctica. Y, por supuesto, muchas veces también genera experiencias estilísticas y estéticas muy fuertes. Una de nuestras responsabilidades es identificar al menos algunas películas, valorizarlas y hacerlas circular. Pienso que debemos defender ese cine tan frágil, en términos de visibilidad; debemos defenderlo escribiendo sobre ese cine, buscando lugares donde mostrarlo y, eventualmente, lograr que circule con el mayor alcance posible. Al mismo tiempo, siento que desde finales del siglo XX venimos viendo que muchos festivales se abren a lo experimental; es una tendencia. Y que defienden en ciertas secciones este tipo de programación; ya sea los grandes festivales o festivales de cortometrajes o dedicados a otros formatos. Y eso es realmente muy alentador. Volviendo al principio, fue un milagro que una película tan experimental como Le Livre d’image se haya visto en Cannes en la competencia internacional y haya ganado la Palma de Oro Especial. Es increíble realmente, porque es una película difícil, exigente; no es una película para el gran público. Creo que con esto el medio cinematográfico en general está honrando su historia al honrar esta película que, normalmente, habría estado en una sección en los márgenes, como sucedió con otras películas de Godard de los años 60 o 70, que eran igual de poderosas, igual de creativas, igual de críticas, pero no circulaban tanto; no se las proyectaba en salas –menos en la televisión–. Recién después empezaron a circular en DVD, y ahora han alcanzado visibilidad. Por eso, fue magnífico que Le Livre d’image haya sido honrada en Cannes sin tener que esperar cuarenta años. Como suele pasar muchas veces, creo que la obra de Jean-Luc Godard es como una locomotora: a través de su película, hay muchísimos artistas experimentales, y obviamente también políticos, que han sido honrados con ese reconocimiento.


Charla con Maestras: Nicole Brenez
Viernes 15, a las 17 h, en Tronador Concert