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Competencia Internacional

3 preguntas a Malena Solarz

La directora de Álbum para la juventud nos da detalles sobre su película, que integra la Competencia Internacional.
3 preguntas a Malena Solarz



El relato transcurre en un momento muy preciso de la vida de los protagonistas. ¿Por qué decidiste explorar ese contexto? ¿Qué te interesó de eso para construir esta historia?

Lo cierto es que no fue ese momento de la vida el punto de partida de la película, sino que yo también fui descubriéndolo mientras iba escribiendo el guion. Lo primero que pensé fue la primera escena, y sí hay algo en la edad de los personajes que me interesaba ahí: son chicos que pueden tener cierta autonomía para moverse por la ciudad, tener planes o intereses propios, pero también dependen de sus familias económicamente, o para otras cuestiones como los estudios o cuidados diversos. En el proceso de la película, fue ganando terreno mi curiosidad por cómo eran esos personajes junto a otros, a los que también a veces cuidan o acompañan de distintas maneras, pero también en momentos solos, en los que se toman el tiempo de investigar en sus propias curiosidades, vinculadas con su futuro o con su niñez. Y esto vale tanto para los adolescentes como para la generación más adulta: todos tienen cosas por delante, pero también pueden mirar hacia atrás.


Las actuaciones son centrales en la construcción de la subjetividad y las relaciones entre los personajes. ¿Cómo fue el trabajo con los actores y el guion para darle vida a ese universo?

Tal vez lo más particular del proceso fue la decisión de quiénes actuarían. Algunos papeles los escribí especialmente para personas que conocía, y muchos de ellos no eran actores, pero confiaba en que podrían estar frente a cámara con cierta soltura. Otras fueron apuestas un poco más riesgosas, como los dos protagonistas, pero con ambos intuí que sus formas naturales de ser podían ser materiales ricos para la película. Hicimos varios ensayos y eso me sirvió para reescribir escenas, pero creo que terminamos de encontrar una forma de trabajo en el rodaje mismo. Era importante calibrar cuánto lugar había para la improvisación y cuándo era necesario confiar en lo que estaba escrito. Como filmamos en dos etapas, y en el medio fui viendo y montando el material, modifiqué un poco la forma de acercarme a algunas escenas. Me daba cuenta de que a veces eran más expresivas una posición corporal o una forma de hablar que una palabra precisa, y tuvimos eso en mente para encarar la segunda parte del rodaje.


La música es sin duda fundamental en la película no solo por el título y la vocación de la protagonista sino también por el peso formal que tiene en relación con la estructura y el montaje. ¿Cómo pensaste y trabajaste estos elementos?

La música es otro elemento que fue ganando terreno en el proceso. Se me ocurrió que la protagonista estuviera revisando esas grabaciones de clases de piano de la infancia, porque yo tenía guardados esos casetes de mi propia niñez y me pareció un material de registro personal del que me interesaba ver qué generaba en un personaje de ficción. A partir de ahí nació la idea de que Sol tuviera un profesor, que además está interpretado por mi hermano Julián, que es quien compuso las piezas que suenan a lo largo de la película. El piano en particular y la música en general fueron muy importantes en mi vida y en mi relación con mi hermano y mi familia entera, y creo que trabajar con la idea de esas “piezas de aprendizaje” (a las que remite el título) fue algo que salió espontáneamente de mi memoria musical. Después Julián tuvo la difícil tarea de tomar esos casetes y traducir algo de todo esto al lenguaje musical sin invadir lo audiovisual. Fueron varios meses de ver y escuchar ejemplos, probar y buscar, pero fue un proceso que disfruté muchísimo.