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Competencia Latinoamericana - Fuera de Competencia

3 preguntas a Manuel Nieto Zas

El director de El empleado y el patrón nos da detalles sobre su película, que integra la Competencia Latinoamericana - Fuera de Competencia.
3 preguntas a Manuel Nieto Zas



¿Qué es lo que te atrajo particularmente de ese universo rural y de los conflictos que emergen de allí?

El mundo rural, sus personajes, paisajes y conflictos ya habían sido explorados en mi película anterior, El lugar del hijo. Me resulta un universo inspirador, mucho más que los universos urbanos y costeros –más conocidos y más transitados por las cinematografías–. Pensar las películas en el campo me supone una aventura: salir de la ciudad, investigar, buscar todo. Y cuando lo vas encontrando es como hacer un descubrimiento. Asimismo, con la perspectiva que traigo desde la ciudad, me siento más libre para armar una historia o elegir los elementos que me sirven sobre los que no. Siempre me quedo con la sensación de que hay algo bueno en el mundo rural. La vida transcurre de forma más simple, clara o pura y pienso que esto dota a los conflictos de mayor profundidad. 


Los personajes de la película funcionan en espejo y en contraste, algo que se insinúa ya desde el título y que se da no solo entre los protagonistas sino también con los personajes que los rodean y las situaciones que van atravesando. ¿Qué fue lo que te interesó de esta construcción especular?

Puedo decir que esta construcción nació con la idea misma de la película. Nunca pensé en otro tipo de construcción dramática entre empleado y patrón. Y, al ser esta la construcción dominante, para conservar la forma y coherencia de la película también se la aplicó al resto de los personajes. Un detalle que está fuera de la pregunta es la idea y el hecho de que el mundo del empleado está íntegramente construido/interpretado por actores no profesionales que tomamos de los lugares donde filmamos, en su mayoría cerca de la frontera entre Uruguay y Brasil. En oposición, el mundo del patrón está construido/interpretado por un elenco profesional reconocido argentino o internacional, por Nahuel Pérez Biscayart. Para mí, esta fue una apuesta importante en cuanto a su forma y en cuanto al resultado de este contraste. Quizás porque estamos más acostumbrados a ver en el cine a personajes cercanos al mundo del patrón, supuse que iba a estar bien construirlo con un elenco profesional. En cambio, para lograr la verosimilitud del mundo rural necesitaba de personajes auténticos, de trabajar con la misma esencia del mundo que iba a describir, por las caras, su parquedad y su inocencia frente a la cámara, pero también porque dominan el trabajo rural de forma natural. Lograr un registro de actuación común fue lo más difícil de hacer. Permanentemente les pedía a Nahuel, Justina y Jean Pierre que sacaran cosas de su interpretación, que bajaran al registro de los actores no profesionales. Y para ellos en un punto eso era como no actuar, tenían que dejarse llevar por ese viaje que es permanecer frente a cámara y mirar.

 
A lo largo del relato, se va desarrollando todo un juego con la identificación y el punto de vista: la película no nos permite ubicarnos cómodamente del lado de ninguno de los personajes. ¿Cómo pensaste y trabajaste este aspecto?

Los puntos de vista cambian a lo largo del desarrollo de la película y este cambio de perspectiva contribuye a producir el efecto de que al espectador le resulte difícil juzgar a los personajes unívocamente. La intuición me decía que tenía que empezar la película por el patrón y su mundo, quizás porque son personajes más conocidos por la audiencia. El mundo del empleado, en contraste, es más lejano, más difícil, y también los son los personajes que lo encarnan. La alternancia entre un personaje y otro, entre un mundo y otro, se va haciendo cada vez más breve hasta que en un momento los dos personajes empiezan a transitar juntos la película. Por otro lado, pienso que ambos personajes traicionan al espectador en cuanto a lo que se espera de ellos. Esto, creo, los vuelve más complejos a ellos y a la relación que la película construye, que es dialéctica. Creo que la cosa funciona porque en términos de sometimiento (según Hegel) ambos se alternan, son víctimas y victimarios, tienen sentimientos compasivos, y también egoísmos y ambiciones.