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Entrevista con Martín Rejtman, director de «La práctica»

Entrevista con Martín Rejtman, director de «La práctica»

Sin pareja, sin casa y sin poder hacer yoga (trabajo que compartía con su ex), Gustavo se deja llevar de un accidente a otro, de un lugar a otro, de una persona a otra. Y, como en otras películas de Martín Rejtman, en La práctica las peripecias absurdas también se van encadenando entre la comedia y la melancolía. Señalado como uno de los padres naturales del Nuevo Cine Argentino, Rejtman estudió cine en la Universidad de Nueva York y dirigió Rapado (1992), Silvia Prieto (1999), Los guantes mágicos (2003), el documental Copacabana (2006) y Dos disparos (2014). La práctica integra la sección Autoras y Autores.


Dentro de la narrativa de La práctica, el yoga ocupa un lugar destacado. ¿Qué elementos dirías que comparten tu cine con la práctica del yoga?

Practico yoga desde mediados de los 90. En los diálogos de La práctica hay bastantes referencias al yoga como disciplina que tal vez puedan conectarse con la estética y los personajes de la película. Más allá de esas referencias directas en los diálogos, creo que la conexión más importante es la idea del presente. En todas mis películas los personajes viven en una especie de estado de disponibilidad, en un presente constante; el pasado y el futuro no parecen ser importantes, solo el presente. El yoga justamente insiste mucho en “estar presentes”.

La práctica se presentó en festivales como los de San Sebastián, Nueva York y Londres, ante públicos muy diversos que, a priori, podrían asociar al cine argentino o latinoamericano con un perfil en el que quizás tu película no encaja. ¿Cómo fue recibida por esos públicos de idiosincrasias tan distintas?

No tuve la impresión de que el público de estos festivales tuviera expectativas de encontrarse con otro tipo de película, con el estereotipo del cine latinoamericano al que creo que se refiere la pregunta. Me parece que el público en general, como ente abstracto, es mucho más amplio en ese sentido que los programadores, críticos, fondos de apoyo, distribuidores, etcétera. El problema de una percepción tan limitada no creo que nazca del público.